Reina un hórrido silencio que es tan sólo interrumpido por redobles de tambores y algún lúgubre gemido que se sube hasta los labios desde un pecho de fe lleno.Y entre mil encapuchados, con mil llamas de mil cirios, con las carnes desgarradas, aún más pálidas que lirios y la Cruz sobre los hombros, cruza humilde el Nazareno. -Miguel Hernandez-